La huella eremítica y monástica

La presencia eremítica y monástica forjó buena parte de los rasgos distintivos y funcionales del paisaje cultural del agua.

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Monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil © R. Vilanova
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Santo Estevo de Chouzán © R. Vilanova
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Iglesia hipogea de Santa María de Cotillón © R. Vilanova
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Necrópolis de San Vítor de Barxacova © R. Vilanova

La relación armónica entre el agua y la tierra, entre el espacio cultivado y el espacio construido es una herencia de las comunidades religiosas. Las huellas del papel de los monasterios en la génesis de la cultura hidráulica del territorio se relacionan con los aforamientos de tierras y molinos de agua a través de la historia.

Los eremitorios y el bosque de iglesias y monasterios ilustran una etapa esencia del proceso evolutivo del paisaje cultural del agua. Algunas iglesias se alejaron de la orientación canónica este-oeste, para situarse como balcones sobre los ríos, a medio camino entre el agua y el cielo.

83 monasterios documentados en el conjunto de los 22 ayuntamientos que aportan territorio al Bien de Interés Cultural

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